Monday, November 19, 2012

A birthday in the heights




Birthdays are always a special date to celebrate with people you love but, when you enter a new decade it can be an even more special occasion. So, for my 30th birthday I decided to do something different from a typical celebration. For this reason I proposed to go to the Edinburgh International Climbing Arena, probably one of the biggest indoor climbing centers in the World. The venue is located in Ratho, a village next to the airport. I had known of the existence of this place for a long time but I had never been before and the experience was great! I loved the fact of gathering all together on a Sunday morning in Princes St. to get the bus (to be honest I didn´t trust the punctuality of my Spanish friends, but they were punctual!) In about an hour we arrived at this nice area on the outskirts of Edinburgh. We didn´t see too much; just a canal and a path we had to follow to get to the center. The sunny day, the colours of the Autumn and the scenery that surrounded us made our day! And the experience of doing an aerial assault hanging out 100 feet above the ground and the spa later on, were awesome! 

Los cumpleaños son siempre un motivo especial de celebración y la excusa perfecta para rodearse de aquellos que más quieres pero, cuando se entra en una nueva década y el número es redondo, está fecha se vuelve aún más especial. Es por ello que para mi 30 cumpleaños, decidí hacer algo completamente diferente; a parte de una celebración tradicional, propuse a mis amigos visitar el centrointernacional de escalda de Edimburgo, probablemente uno de los centros interiores más grandes del mundo, ubicado en Ratho, un pueblo cercano al aeropuerto. Conocía la existencia de este lugar desde hace tiempo pero nunca antes había estado y la verdad es que la experiencia fue muy buena. Me encantó el hecho de juntarnos un domingo por la mañana en Princes Street para coger el autobús (sinceramente, no confiaba mucho en la puntualidad de mis amigos españoles, ¡pero lo fueron!). En una hora más o menos llegamos al pueblo de las afueras de la ciudad y, aunque no vimos más que un canal y un paseo que había que seguir para llegar al centro, la verdad es que me gustó mucho esta zona. Quizás todo ayudara: el día tan soleado, los colores del otoño y toda la naturaleza que nos rodeaba… y la experiencia de hacer un circuito de obstáculos suspendido a más de 30 metros y la sesión de spa posterior fueron increíbles.

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